¿QUIÉNES SOMOS Y A QUÉ HEMOS SIDO LLAMADOS?

¿Qué tan importante crees que es el contexto en tu vida o en lo que lees y escuchas en las noticias? Sin contexto, perderemos muchos matices importantes que le dan sentido al todo. ¡El contexto es fundamental! Quiero compartir un ejemplo. Un misionero estaba enseñando acerca de que siempre tendremos pobres entre nosotros. Preguntó qué significaba ese versículo, esperando escuchar que debíamos ayudar a los pobres o enseñarles un oficio. Pero una anciana se levantó y dijo que el versículo que él estaba tratando de enseñar en realidad significaba que siempre tendremos opresores entre nosotros. Su comentario cambió completamente el enfoque de la enseñanza. En una interpretación, podríamos culpar a los mismos pobres; en la otra, se nos dice que necesitamos trabajar por la justicia contra la opresión. De manera similar, para entender lo que está sucediendo en el libro de Mateo, necesitamos el contexto completo, o al menos tanto como podamos obtener. La Biblia no fue escrita en el vacío, ni en un contexto occidental del siglo XXI. Cuando la reconocemos dentro de su propio contexto, podemos interpretarla y aplicarla mejor al nuestro.

¿Cuál es el contexto que debemos considerar en Mateo? Un aspecto muy importante es saber para quién fue escrito y cuáles eran sus problemas. El primer punto que podemos notar acerca de Mateo es que fue escrito para judíos. ¿Cómo lo sabemos? Una forma es compararlo con los otros evangelios. Lucas y Mateo son muy similares en extensión, y gran parte de su contenido se sobrepone. Lucas habla del Reino de Dios, mientras que Mateo usa el término “Reino de los Cielos” y menciona el Reino de Dios solamente dos veces, una de ellas con una cuestión textual. Mateo menciona la palabra “Dios” 43 veces, pero Lucas ya la ha usado esa cantidad desde el inicio de Lucas 8. Los judíos trataban de evitar usar el nombre de Dios para no tomarlo en vano.

Mateo: Reino de los Cielos vs. Lucas: Reino de Dios

Otra diferencia entre Lucas y Mateo es la manera en que cada libro comienza. Mateo incluye una genealogía que inicia con Abraham y termina con José, María y Jesús. Lucas 3:21 comienza con Jesús y retrocede hasta Adán, hijo de Dios. Si se menciona a Adán, todos están incluidos, pero comenzar con Abraham limita el enfoque a un grupo específico. Los judíos reclamaban a Abraham como su antepasado en Mateo 3:9. Necesitamos tomar las genealogías en serio porque ayudan a establecer el propósito de los libros.

Mateo 1:2 – 11

Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram. Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón. Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa. Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías. 9 Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías. Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia.

¿Qué enfrentaban los judíos en el tiempo en que Mateo les escribió? Sabemos que los romanos eran los gobernantes y jugaban un papel importante en la vida de los judíos a quienes se dirige este evangelio, pero ¿qué pensaban los mismos judíos acerca de estos acontecimientos y cómo respondían? Mateo fue escrito alrededor del tiempo de la caída de Jerusalén. No sabemos si fue antes o después, pero es importante entender que los sentimientos nacionalistas eran muy fuertes durante este período. Esos sentimientos habían crecido desde los días de Jesús. Ya estaban presentes en tiempos de Jesús porque uno de sus discípulos era llamado Simón el Zelote. Los zelotes eran guerrilleros que buscaban derrocar a los romanos por cualquier medio necesario. Cuando los romanos tomaron Jerusalén, masacraron a 12,000 personas en el templo,1 y ese evento quedó profundamente grabado en la mente de los judíos. Todo después de la muerte y resurrección de Jesús apuntaba a que el conflicto venía.

Durante este tiempo había muchos grupos judíos. Los zelotes, como ya mencionamos, eran uno de ellos. Los fariseos probablemente son los más conocidos; hacían reglas para asegurar que las leyes del Antiguo Testamento no fueran quebrantadas, y tendemos a verlos como muy legalistas. Luego estaban los saduceos, quienes manejaban el templo y estaban aliados con los romanos. Los fariseos y saduceos habían tenido una guerra civil muy sangrienta unos 50 años antes del tiempo de Jesús. En una ocasión, los saduceos masacraron alrededor de 6,000 personas en el templo y crucificaron a muchos otros.2 Los rabinos eran otro grupo que también quería gobernar. Los fariseos, saduceos y rabinos pidieron a los romanos que intervinieran y los ayudaran a resolver sus conflictos; los romanos se pusieron del lado de los saduceos. Los esenios eran un grupo separatista que copiaba las Escrituras en las cuevas de Qumrán. Vivían apartados y creían que el templo necesitaba ser destruido o purificado. Finalmente, estaban todos los demás: cobradores de impuestos, campesinos y las personas muy pobres que Jesús sanó en los evangelios. Algunas personas de estos grupos se hicieron creyentes, y son ellas a quienes Mateo les está escribiendo. Lo que unía a todos estos grupos era su afirmación de que Abraham era su antepasado y su adhesión a ciertas prácticas básicas: la circuncisión, guardar el sábado y las normas alimenticias, lo que significaba tener cuidado con lo que comían y con quién comían. Solo comían con los suyos. Eran exclusivos, no inclusivos.

Otra característica común de estos grupos era su creencia de que Dios los libraría de la opresión. Sería como un nuevo éxodo, y serían liberados de alguna manera, aunque no pudieran ponerse de acuerdo en cómo sucedería eso. Cuando llegara su libertad o liberación, sabrían que el pecado que los había llevado al exilio había sido perdonado. Así que buscaban liberación y perdón de pecados. Jeremías, hablando del nuevo pacto, dice: “Haré volver los cautivos de Judá y los cautivos de Israel, y los reedificaré como al principio. Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra mí, y perdonaré todos sus pecados con que contra mí pecaron y con qué contra mí se rebelaron” (Jer. 33:7-8).3 Si eras judío durante este tiempo y creías que Jesús era el Mesías que traería libertad de tus enemigos, entonces, al ver cómo aumentaba la tensión y cómo tu mundo se dirigía hacia una guerra total —que parecía que podrían perder— necesitarías respuestas acerca de quién eras realmente.

Debido a que Mateo fue escrito para una audiencia judía, como ya he sugerido, necesitamos mantener estos contextos culturales en mente mientras leemos el libro y tratamos de entender cómo Mateo responde a sus inquietudes. Las preguntas que Mateo intenta responder son: ¿Cómo es el Reino de los Cielos o el Reino de Dios? ¿Quién es Jesús? ¿Cómo se relaciona todo esto con las Escrituras de Israel? Y entonces, ¿cómo deben vivir en este mundo caótico y dividido como seguidores de Jesús?

¿Cómo construyes conexiones con un grupo tan diverso de personas? Eso tiene que suceder desde el principio. Mateo hace esto por la manera en que comienza su libro. Probablemente no nos emocionamos mucho cuando leemos las genealogías en la Biblia. Fulano engendró a mengano. Normalmente nos saltamos esas listas, pero las genealogías le dicen a las personas quiénes son y dónde pertenecen, y en el caso de Mateo, también dicen lo que debe venir después. Mateo dividió su genealogía en tres partes, cada una con catorce generaciones: de Abraham a David, de David al exilio y del exilio a Jesús. Presentarlo de esta manera sugiere que ahora, con Jesús el Mesías (1:1,17), el exilio ha terminado. Al comenzar su genealogía con Abraham mientras escribe a los judíos, Mateo está diciendo: “Esta es su historia, y Jesús es parte de su historia; él los entiende porque comparte la misma historia”.

Pero si Jesús vino no solamente para los judíos sino para todo el mundo, ¿cómo haces entender a los judíos que, aunque piensen que son el pueblo especial escogido por Dios y que todos los demás son secundarios en importancia, Jesús es para todos? Me alegra que hagas esa pregunta. Mateo demuestra esto en la manera en que comienza y termina su libro. Mateo empieza con gentiles en la genealogía, y al final los seguidores de Jesús reciben la instrucción de ir y hacer discípulos de todas las naciones. El mensaje es comenzar con ellos, pero desde ahí extenderse hacia todos.

Mateo incluye algunos eventos muy interesantes e inusuales en su genealogía. Menciona mujeres, lo cual no era típico. Normalmente solo se mencionaba a los hombres. Si esta genealogía pretende mostrar tu identidad, y tú piensas: “Soy mejor que todos porque vengo de una línea pura que me da derechos especiales”, entonces al incluir a cuatro mujeres más María, Mateo desafía esa manera de pensar. Primero, estas mujeres no son judías; no estamos completamente seguros acerca de Betsabé, pero todo indica que también era no judía. Entonces, ¿quiénes son estas mujeres?

Tamar

La primera mujer mencionada es Tamar. Judá, el cuarto hijo de Jacob, había dejado a su familia y descendió a Canaán después de ser el principal hermano que vendió a José como esclavo en Egipto. Mientras estaba ahí, se casó con una mujer cananea y tuvo tres hijos con ella. Cuando su hijo mayor, Er, tuvo edad suficiente para casarse, Judá vio a una mujer llamada Tamar, la tomó y se la dio a Er. Er era malo ante los ojos del Señor y murió sin tener hijos con Tamar. Esto era una tragedia porque no tener hijos significaba perder la herencia, pero había una solución.

El siguiente hermano debía tener un hijo con la viuda de su hermano fallecido, y ese hijo sería considerado heredero del hijo muerto. Pero el problema es que el segundo hijo, Onán, también era malo y se negó a cumplir con el deber, y murió a causa de su pecado. Creo que podemos entender la manera de pensar de Judá: “Dos de mis hijos se han casado con Tamar y ambos han muerto; no voy a entregarle a mi tercer hijo”. Judá envió a Tamar de regreso a su casa con instrucciones de esperar a su último hijo, pero en realidad era un engaño para sacarla de la casa. Cuando Tamar se dio cuenta de lo que estaba pasando, tomó el asunto en sus propias manos, cubrió su rostro y fue al lugar por donde Judá pasaría. Judá asumió que era una prostituta y la contrató. Aunque esto pueda sonar extraño para nosotros, durante ese período, si los hijos se negaban a darle descendencia a la viuda, entonces esa responsabilidad recaía sobre el suegro, y Tamar se aseguró de que Judá cumpliera con su deber.

Rahab

La siguiente mujer en la genealogía es Rahab. Ella es una prostituta cananea que vive en Jericó. Ella salva a los espías que llegan a su casa mintiendo. Entiende mejor que los israelitas lo que Dios está haciendo, mientras ellos vienen a tomar la tierra. Como Tamar, puso su vida en riesgo. Si la hubieran descubierto escondiendo a los espías en el techo de su casa, las cosas no habrían terminado bien para ella.

Rut

La siguiente mujer en la genealogía de Jesús es Rut la moabita. A los ojos de los israelitas, los moabitas eran considerados personas muy malas. Deuteronomio dice: “No entrará amonita ni moabita en la congregación del Señor; ni aun en la décima generación entrarán en la congregación del Señor” (Deut. 23:3). Rut se había casado con una familia refugiada de Israel que llegó a Moab buscando alimento porque había hambre en Israel, pero todos los hombres de la familia murieron. Noemí, la suegra de Rut, regresó a Israel cuando terminó el hambre. Rut fue con ella incluso cuando Noemí le dijo que no fuera. Probablemente Noemí le dijo que no fuera porque temía que no sería bienvenida en Israel.

Pero había un hombre piadoso llamado Booz que recibió bien a Rut y le permitió recoger las sobras de la cosecha. Como en la historia de Tamar, Rut era viuda y un pariente cercano debía casarse con ella y tener un hijo con ella. Booz era un pariente cercano, pero no daba pasos en esa dirección. Cuando terminó la cosecha, y Noemí sabía que Booz estaría en el campo emborrachándose, envió a Rut para seducirlo, diciéndole: “Lávate, pues, y úngente, y ponte tus mejores vestidos, y ve a la era; pero no te des a conocer al hombre hasta que él haya acabado de comer y beber. Y cuando él se acueste, observa el lugar donde se acuesta; entonces ve, descubre sus pies y acuéstate, y él te dirá lo que debes hacer” (Rut 3:3-4). Rut salió en la noche obedeciendo a Noemí. El período era el final del libro de Jueces, donde las mujeres eran secuestradas y violadas. Era un tiempo de caos total y muy peligroso para una mujer andar fuera de noche, pero Rut fue. Esto terminó en un matrimonio entre Rut y Booz. Cuando tuvieron un hijo, se lo dieron a Noemí para que legalmente fuera suyo. Al asegurarse de que su suegra estuviera bien cuidada, aun cuando ella era la que no encajaba, Rut la moabita vivió el pacto mientras el resto de Israel descendía al caos.

Betsabé

La siguiente mujer en la lista es Betsabé. A menudo se culpa a Betsabé por lo que ocurrió entre ella y el rey David, pero una lectura cuidadosa del texto muestra que Betsabé no tuvo control sobre lo que sucedió. El término que describe correctamente lo que ocurrió con ella es violación. Las historias de las otras tres mujeres resaltan cómo aquellos que estaban fuera de la familia prometida de Abraham frecuentemente eran más fieles que aquellos que estaban dentro de ella. La historia de David y Betsabé presenta a David como un villano despiadado que no se detiene ante nada. Cuando descubre que Betsabé está embarazada y no logra convencer a Urías, el esposo de Betsabé, de acostarse con ella, hace matar a Urías. Mateo no menciona el nombre de Betsabé; solamente es conocida como la esposa de Urías el hitita, porque el enfoque está sobre David. La manera en que David respondió a la noticia de que había embarazado a Betsabé suena mucho a los archivos Epstein de hoy: “Aquí no hay nada que ver”. Sin embargo, David sí confiesa cuando el profeta Natán lo confronta.

Entonces, si los judíos del primer siglo escuchaban esta lista de sus antepasados, ¿qué debían pensar? Me alegra que hagas esa pregunta. Aunque Dios hizo una promesa y un pacto con Abraham para ser de bendición y traer bendición al mundo, esta lista sugiere que algunas personas fuera de esta familia eran mejores que quienes estaban dentro. Cuando piensan en el rey David, quien era su rey héroe, pero al mismo tiempo también un asesino y un violador, debería recordarnos que no somos tan diferentes de aquellos a quienes despreciamos. ¿Y qué hay de Jesús? ¿Cómo encaja él en esta historia tan desordenada? La promesa hecha a Abraham era un llamado a una misión, y cuando seguimos a Jesús nos unimos a esta familia por fe. Esa misión era traer bendición al mundo, y eso es precisamente lo que el final del libro de Mateo nos urge a hacer: “Vayan por todo el mundo” (28:19). Solo podemos hacer esto verdaderamente cuando somos lo suficientemente humildes para admitir que no somos mejores que los demás y que no somos tan diferentes como creemos. Si Jesús y Mateo estuvieran aquí hoy, ¿qué podrían decirnos acerca de las divisiones que vemos? Estos eran los mismos problemas que enfrentaban los judíos durante el primer siglo. Estaban dominados por un fuerte sentimiento nacionalista de autosuficiencia moral, lo cual no condujo a la paz sino a la guerra y destrucción. El mensaje de Jesús acerca del Reino de los Cielos en el Sermón del Monte buscaba responder a esto. El nacionalismo y el sionismo que alimentan los conflictos en nuestro vecino del sur y en Medio Oriente conducen al mismo resultado que entonces: caos y destrucción. Las historias en Mateo, como el Sermón del Monte y el Padre Nuestro, nos llaman a vivir vidas de servicio. En lugar de convertir a otros en enemigos, somos llamados a vivir de tal manera que ellos puedan ver a Jesús en nosotros. Después de todo, Jesús dice: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mat. 5:9).

Recuerda escoger la vida.

Traducido de https://jlvogt22.wordpress.com/2026/05/13/who-are-we-and-what-are-we-called-to/ por Hector Nieblas Grijalva, ¡Muchas gracias, amigo!

1 Josephus, Flavius. The Works of Josephus : Complete and Unabridged. Hendrickson Publishers, 1987, p. 555.

2 “Sadducees and Pharisees.” Accessed April 25, 2026. https://www.jewishhistory.org/sadducees-and-pharisees/ “The End of the Hasmoneans, The Rise of Rome.” Accessed April 25, 2026. https://www.jewishhistory.org/end-of-hasmoneans-rise-of-rome-4/ Josephus, Flavius. The Works of Josephus : Complete and Unabridged. Hendrickson Publishers, 1987, p. 360.

3 Véase también Ezequiel 36:33: “Así dice el Señor DIOS: El día que los limpie de todas sus iniquidades, haré que las ciudades sean habitadas y que los lugares desolados sean reconstruidos.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *