¿QUIÉN ES NUESTRO PADRE?

¿Qué queremos decir cuando oramos el Padre Nuestro? Muchas iglesias lo dicen cada domingo, y como con muchas cosas que hacemos por costumbre, a menudo no pensamos por qué lo hacemos o cuál es el significado detrás de ello. Cuando yo era joven, en una de las escuelas a las que asistí se recitaba el Padre Nuestro cada mañana. Para la mayoría de los que estábamos ahí, era simplemente algo que debíamos hacer antes de que empezaran las clases. No pensábamos que el Padre Nuestro tuviera algo que ver con nosotros o con lo que haríamos ese día.

Si lo pensamos bien, incluso el título que le damos en inglés sugiere algo formal y distante: “The Lord’s Prayer” (la oración del Señor). En los otros idiomas que conozco, se le da un título distinto: Πάτερ ἡμῶν en griego, donde se pone “Padre” al inicio y se enfatiza esa palabra; Padre Nuestro en español, Ons Voda en bajo alemán y Vater Unser en alemán. En todos estos idiomas, el título comunica que esta es nuestra oración. Nosotros estamos incluidos en ella. No es algo formal o distante, como lo veían muchos en mi escuela —una oración que se decía por obligación para quitárnosla de encima— sino algo profundamente personal y familiar. A partir de aquí me referiré a ella como “Padre Nuestro”.

Existen dos versiones del Padre Nuestro: una en Lucas, donde los discípulos se acercan a Jesús y le piden que les enseñe a orar, y otra en Mateo, que aparece en el centro del Sermón del Monte. La versión que solemos conocer y usar no sigue con precisión ninguna de las dos versiones bíblicas. Quiero enfocarme en la que aparece en Mateo. Si haces estudios formales de la Biblia, una de las primeras cosas que aprendes es que el contexto lo es todo. El contexto pregunta: “¿Por qué esto está aquí y no allá?” ¿Qué significado le da el contexto que lo rodea al pasaje que estás examinando? ¿Qué entendió la primera audiencia al oír estas palabras? ¿Qué aspectos culturales les habría hecho considerar? ¿Qué necesitaba corregirse o afirmarse?

Por ejemplo, cuando un líder judío se acerca a Jesús y le pregunta: “¿Quién es mi prójimo?”, Jesús responde contando la historia del Buen Samaritano, lo cual transforma completamente la idea que este líder tenía del prójimo. Solo después de intentar entender lo que significó entonces, podemos comenzar a discernir lo que significa para nosotros hoy.

El Padre Nuestro está ubicado en el centro del Sermón del Monte. Y como está justo en medio, el resto del sermón desarrolla lo que significa pedir pan y perdón, y probablemente lo más importante: cómo debería lucir el Reino de Dios aquí en la tierra. La mayoría de las personas conocen más las bienaventuranzas del Sermón del Monte. Solemos pensar que van dirigidas o que son para “otras personas”, porque ¿quién quiere ser pobre en espíritu o llorar? Suenan como buenos consejos para quienes están teniendo dificultades. Pero esa no era la perspectiva de Jesús; las bienaventuranzas están en el corazón del Reino de Dios.

El Sermón del Monte es un comentario sobre el Éxodo y la Ley dada en el monte Sinaí. Con esto en mente, necesitamos ver cómo encaja el Padre Nuestro dentro de lo que Jesús está enseñando en el sermón y en la historia del Éxodo.

La primera vez que Dios es llamado Padre es al comienzo del relato del Éxodo, cuando Dios le dice a Moisés que vaya a Faraón y le diga: “Así dice el Señor: Israel es mi hijo primogénito” (Éxodo 4:22). La ley fue dada en el monte Sinaí después de que YHWH rescatara a Israel. El punto es que Dios como Padre es quien rescata a su pueblo, no desde un lugar lejano, sino que, como un padre, está involucrado e interesado en lo que sucede con sus hijos.

Cuando Jesús dice “Padre nuestro que estás en los cielos”, no deberíamos pensar en los cielos como un lugar lejano, sino como el lugar donde está Dios. Cercano, pero invisible a nuestros ojos. En el mundo de Mateo, los hijos aprendían de sus padres y seguían sus pasos. Esto lo vemos en los evangelios: Jesús nos muestra cómo es su Padre por medio de lo que hace. Por tanto, Dios no es solo el Padre de Jesús, sino también el nuestro, y podemos tener con Él la misma relación que Jesús tenía. Dios es quien desea rescatarnos y guiarnos en nuestra vida diaria. Eso debería darnos una gran esperanza.

Sé que no todos tienen una buena relación con su padre, y pensar en Dios como Padre podría provocar temor en el corazón de algunos. Pero si miramos la larga historia bíblica y vemos cómo Dios, como buen Padre, llama a sus hijos a volver a Él aun cuando la relación ha sido rota, e incluso envía a Jesús para dar su vida por nosotros, entonces vemos que Dios es un Padre dispuesto a hacer todo para restaurar la relación.

Si esto es cierto, entonces deberíamos decir: “Santificado sea tu nombre.” Santo significa apartado, diferente de todo lo demás. Esto implica que deseamos que el nombre del Padre sea honrado. Y el nombre del Padre se honra viviendo según lo que dice el resto de la oración. La idea de que Dios quiera una relación tan cercana con los humanos es revolucionaria. En los tiempos bíblicos, la gente solía adorar a los dioses para apaciguarlos y que les hicieran favores. Este Dios es distinto: Él da el primer, segundo y tercer paso para rescatarnos, y, por tanto, en gratitud, nosotros respondemos y santificamos su nombre con la manera en que vivimos. El modo en que debemos vivir está delineado en el Sermón del Monte.

Cuando oramos “Venga tu Reino”, ¿qué estamos pidiendo? ¿Cómo se ve el Reino de Dios? Creo que todos sabemos cómo funcionan los reinos del mundo: a través del poder. Lo vemos en cómo Rusia ha atacado a Ucrania, o en el conflicto entre Israel y Hamas en Gaza. La muerte y la destrucción se usan para alcanzar objetivos. Pero ese no es el modo en que funciona el Reino de Dios.

Aquí es donde el contexto del Sermón del Monte resulta tan útil. Las bienaventuranzas nos hablan de una forma de vivir al revés. Los pobres son bienaventurados, porque recibirán el Reino de los cielos. Es un lugar donde los que lloran serán consolados, donde los humildes heredarán la tierra, no los poderosos. Es un Reino compuesto por los que tienen hambre y sed de justicia, no de venganza. Pero vivimos en un mundo que no valora esas cosas. Si eres perseguido por hacer lo correcto, ese es precisamente el tipo de persona que compone el Reino de nuestro Padre. Mira a Jesús: murió por proclamar un Reino al revés. Es un Reino que opera bajo una ética distinta:

» Han oído la ley que dice que el castigo debe ser acorde a la gravedad del daño: “Ojo por ojo, y diente por diente”. Pero yo digo: no resistas a la persona mala. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, ofrécele también la otra mejilla. Si te demandan ante el tribunal y te quitan la camisa, dales también tu abrigo. Si un soldado te exige que lleves su equipo por un kilómetro, llévalo dos. Dales a los que te pidan y no des la espalda a quienes te pidan prestado.» Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo. Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual. Si solo amas a quienes te aman, ¿qué recompensa hay por eso? Hasta los corruptos cobradores de impuestos hacen lo mismo.?” (Mateo 5:38–46)

Este Reino debe vivirse aquí y ahora. No es un Reino lejano solo para el final de los tiempos. Sí, llegará el día en que el Reino se manifestará plenamente. Al final del libro del Apocalipsis, una Nueva Jerusalén desciende a la tierra. Pero la idea del Reino de Dios es que vivamos como si ya estuvieraaquí. Debemos mostrar al mundo cómo se ve el Reino ahora. Eso es lo que hacía Jesús cuando sanaba enfermos o cuando se sentaba a comer con los considerados “indeseables”.

Y si queremos vivir el Reino de esta manera, necesitaremos ayuda. La siguiente línea del Padre Nuestro dice: “Danos hoy nuestro pan de cada día.” Entiendo que el pan diario incluye tanto nuestras necesidades físicas como espirituales. Es la ayuda que necesitamos para nuestra vida. Y si no lo has notado, todos los verbos están en plural: “danos”, no “dame”. Todos estamos en esto juntos. Cuando pedimos, puede ser por mis necesidades, pero en el Reino de Dios compartimos con quienes también tienen necesidades.

Mateo 6:25 nos dice que no nos preocupemos por qué comer o beber, porque la vida es más que eso, pero también reconoce que necesitamos esas cosas, y nuestro Padre lo sabe. Mateo 6:1–4 habla de dar a los necesitados, no para recibir reconocimiento, como lo hacían muchos en aquel tiempo, sino porque hay necesidad. Podemos compartir porque Dios es generoso. Si Dios es verdaderamente el Creador, ¿por qué preocuparnos? El problema no es la falta de recursos, sino cómo se distribuyen. La mayoría de la riqueza del mundo está en manos de unos pocos.

Un estudio del Instituto Mundial para la Investigación de la Economía del Desarrollo, de la Universidad de las Naciones Unidas, reporta que el 1% más rico de los adultos poseía el 40% de los activos globales en el año 2000, y que el 10% más rico acumulaba el 85% del total mundial. La mitad inferior de la población adulta mundial poseía solo el 1% de la riqueza global.1

Así que cuando pedimos nuestro pan de cada día, el 1% más pobre también está incluido en “danos”. Podemos permitirnos compartir porque Dios es generoso y desea que le pidamos que cuide de nuestras necesidades. Compartir con quienes están fuera de nuestros círculos es lo que hace que el Reino sea radical. Cuando Jesús vio que cinco mil personas tenían hambre, las alimentó (Mateo 14:20). Fue una señal del Reino. En Isaías 25:6–7 leemos:

En Jerusalén, el Señor de los Ejércitos Celestiales preparará un maravilloso banquete para toda la gente del mundo. Será un banquete delicioso con vino añejo y carne de primera calidad. Allí él quitará la nube de tristeza, la sombra de muerte que cubre la tierra.”

Cuando Jesús comía con la gente, estaba mostrando cómo es el Reino de Dios. Jesús estaba dispuesto a comer con cualquiera, y en su tiempo, eso era muy radical. Los líderes religiosos lo llamaron “glotón y borracho” (Mateo 11:19). No porque comiera o bebiera demasiado, sino porque estaban citando Deuteronomio 21:20, donde si un hijo era completamente rebelde, los padres debían ir al sacerdote y decir: “Nuestro hijo es glotón y borracho.” Los líderes del tiempo de Jesús vivían en un mundo de escasez, tanto de comida como de gracia. Jesús, en cambio, estaba mostrando con sus acciones que hay suficiente para todos. Lo vemos claramente cuando está con sus discípulos en el aposento alto, sentado a la mesa y diciendo: “Me doy a mí mismo para que tengan lo que necesitan para vivir.”

Cuando Jesús comía con las personas, estaba mostrando cómo es el Reino de Dios. Jesús estaba dispuesto a comer con cualquiera, y para su época, eso era algo muy radical. Los líderes religiosos de aquel tiempo llamaban a Jesús “glotón y borracho” (Mateo 11:19). No era que Jesús comiera o bebiera en exceso, sino que estaban citando Deuteronomio 21:20, donde si unos padres tenían un hijo totalmente rebelde, debían acudir al sacerdote y decir: “nuestro hijo es un glotón y un borracho”. Los líderes de la época de Jesús vivían en un mundo marcado por la escasez —tanto de comida como de gracia—. Jesús, en cambio, con sus acciones estaba diciendo que hay suficiente para todos. Esto se ve de manera más clara cuando está con sus discípulos en el aposento alto, sentado a la mesa y diciendo: “Me entrego a ustedes para que tengan lo que necesitan para vivir”.

Debemos pedir perdón, pero también debemos perdonar si queremos ser perdonados. Cuando hablamos de nuestras ofensas, la palabra griega usada en el Padre nuestro significa “deuda”. Esa deuda podía ser monetaria o moral, incluyendo el pecado. El punto es que, en tiempos de Jesús, muchas personas vivían en la pobreza y luchaban por salir adelante. Cuando los judíos se levantaron contra los romanos, lo primero que hicieron fue ir al templo y quemar las listas que registraban lo que la gente debía. La deuda era un problema enorme. Una historia que viene a la mente es la de Lucas 15:11 en adelante, donde el hijo menor se va y malgasta la herencia de su padre, y cuando lo ha perdido todo, decide regresar a casa porque está solo y sin recursos. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo ve venir, y antes de que el hijo diga una sola palabra, el padre corre hacia él, lo abraza y lo recibe con un gran banquete. En aquella cultura, los hombres mayores no corrían; caminaban despacio para mostrar su dignidad. Pero este padre deja de lado toda su honra y corre. Así es como Dios perdona: cuando todavía estamos lejos, Él corre hacia nosotros. Pero el hermano mayor, que se niega a perdonar incluso cuando el padre se lo pide, termina perdiéndose el gran banquete preparado para celebrar el acto del perdón.

Vivir como personas perdonadas significa perdonar. Mateo 7:1 en adelante dice: “No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que juzgan, serán juzgados, y con la medida con que midan, se les medirá a ustedes”. Si no perdonamos, nos resultará muy difícil vivir como personas restauradas, porque las cosas no perdonadas terminarán controlándonos. Entiendo que esto no es fácil, y Jesús también lo sabe. En la cruz, Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34), ¡a quienes lo estaban matando! Cuando Jesús dice “Padre, perdónalos” en lugar de “yo los perdono”, creo que nos muestra cuán difícil era incluso para Él. Pedir ayuda para perdonar es parte de pedir nuestro pan de cada día, y quizá debamos hacerlo una y otra vez.

La última línea del Padrenuestro en Mateo dice: Y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del maligno” (Mateo 6:13). Es una línea muy adecuada después de la petición por el perdón, porque es fácil abandonar el camino del perdón y buscar venganza, que es justamente lo que el enemigo quiere que hagamos. El mal es real, y necesitamos ayuda. Recuerda cómo Jesús luchó en el huerto de Getsemaní, porque sabía las injusticias que le esperaban al día siguiente. La buena noticia es que Jesús enfrentó y venció al mal con su muerte y resurrección; no cedió ante el maligno. Más adelante en el sermón, Jesús dice: “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15). Necesitamos discernir si las cosas que escuchamos se alinean con el Sermón del Monte.

En Mateo 5:38–48, Jesús enseña a no vengarse, incluso si uno piensa que tiene derecho según la ley. Jesús menciona el principio de “ojo por ojo”, pero en lugar de buscar desquitarse, la persona debe responder con bondad, como ir dos millas cuando un soldado romano te obligue a ir una. Jesús no está diciendo que seamos pasivos o que seamos pisoteados, sino que, dentro de esa cultura, está enseñando a las personas a tomar la iniciativa de forma buena y valiente, si pueden. El romano sólo tenía permitido obligar a alguien a cargar sus cosas por una milla; ir una segunda milla podía meterlo en problemas. Es como Jesús, que permitió ser asesinado, pero por medio de su muerte obtuvo una victoria mayor que si hubiera luchado. Esto va en contra de nuestra naturaleza humana, por eso oramos: “Danos hoy nuestro pan de cada día y líbranos del maligno”.

Cuando oramos el Padrenuestro, las últimas palabras que solemos decir —“Porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos”— no aparecen en Mateo ni en Lucas; fueron añadidas después. Aun así, son una conclusión muy adecuada para la oración, porque todo trata de Dios y su Reino. Esas líneas honran al Dios que perdona, que nos libra del maligno y que nos da lo que necesitamos para vivir, de modo que podamos vivir su Reino en este mundo. Oramos esto porque tenemos un Padre que nos ama. Oramos esto porque si Dios es nuestro Padre, eso significa que Jesús es nuestro hermano. Y en los evangelios vemos cómo Jesús vivió esta oración: perdonando pecados, supliendo necesidades, y siendo un verdadero Hijo que vivía en obediencia a su Padre. Si Jesús vivió esta oración como nuestro hermano, entonces también nosotros debemos esforzarnos por vivirla. Y si fallamos, podemos pedir perdón, porque tenemos un Dios que está de nuestro lado.

The World Distribution of Household Wealth. James B. Davies, Susanna Sandstrom, Anthony Shorrocks, and Edward N. Wolff. December 5, 2006.

¡Recuerda elegir la vida!

  1. The World Distribution of Household Wealth. James B. Davies, Susanna Sandstrom, Anthony Shorrocks, and Edward N. Wolff. December 5, 2006. ↩︎

Traducido de https://jlvogt22.wordpress.com/2025/06/07/who-is-your-father/ por Hector Nieblas Grijalva, Muchas gracias amigo!!!

2 comentarios

  1. Ossiel Santoscoy B.

    El carácter del Padre modelado por Dios nos debe dar confianza como para tener esa conversación Él donde podamos abrir nuestro corazón sin sentirnos distantes de Dios nuestro Padre.

    Me gustó como abordó el tema de «ser librados de la tentación» en esa conversación dirigida al Padre, claro que si somos tentados a la venganza después de haber dicho «perdóname», son las palabras más difíciles de pronunciar de manera sincera.

    Gracias por su tiempo en escribirnos en nuestro idioma Mtro. Jack, y también a Héctor por la traducción. Tengo un Padre que nos sabe cuidar el corazón.

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