Esta vez tenemos un invitado que escribe esta publicación de blog. Muchas gracias a Rogelio Daniel Rivera.

Como cristianos, hemos escuchado la historia de la Navidad una y otra vez. Hemos visto películas, dramatizaciones; incluso, es parte de la cultura popular la imagen de un pequeño niño recostado en un lugar humilde. Algunos discuten si nació o no nació en diciembre, y otros tantos han olvidado el verdadero motivo de la Navidad, el cual es Jesús, y lo han cambiado por tradiciones, regalos y adornos. Cada Navidad, nos sabemos de memoria el recorrido que tuvieron José y María, y sobre cómo Jesús fue acostado en un pesebre, en un lugar donde normalmente se guardaban animales. Pero te has puesto a pensar y preguntarte: ¿cómo se vio la Navidad desde el trono de Dios? Imagina por un momento a los ángeles contemplando lo que estaba sucediendo: el Señor del universo entrando en el mundo como un niño indefenso.
Solo imagina, el instante en el que el Todopoderoso, decidió intervenir en la historia humana partiéndola en dos. Podemos leer en los evangelios de Mateo y Lucas los acontecimientos desde el punto de vista humano y terrenal, pero ¿Qué estaba ocurriendo en el cielo en este instante? Un momento que iba a sonar en todo el cosmos, eterno y único, el cual no comenzó en Belén, sino desde antes del inicio de los tiempos. El apóstol Juan nos abre una ventana al cielo, el no incluyó en su evangelio los sucesos del nacimiento físico de Jesús, en cambio él nos habla desde la perspectiva divina, el momento donde la Palabra eterna, el Verbo, el Logos, el Hijo de Dios que comparte plenamente la naturaleza del Padre, se encarna en este mundo que Él mismo creó y se vuelve humano.
Para Dios, Navidad no es el inicio de Cristo. Leemos en el primer versículo del libro de Juan: 1. “En el principio era el Verbo”. La Navidad es el inicio de su presencia en carne. Juan no dice “El Verbo comenzó cuando nació.” Dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios; este era en el principio con Dios.” (Juan 1:1-2). Antes de que todo fuera creado, antes que las galaxias más antiguas, antes que cualquier ángel existiera, y antes que todo, Cristo ya es. Mi mente finita no alcanza a visualizar y dimensionar en toda su extensión tan trascendental acontecimiento.

Luego leemos en el Juan 1:3. “Todas las cosas por Él fueron hechas” que increíble solo imaginar, el creador del universo haciéndose creación sin dejar de ser Dios. El que creo todo, ahora tiene un cuerpo que respira por primera vez, el que con su mano puso estrellas y galaxias enteras, ahora está mirando hacia el techo donde nació, aquel que puede sostener el universo, es ahora sostenido por los brazos de su madre. Ante los ojos de Dios, su encarnación es la humildad más grande que pueda existir. Y lo hizo por obediencia al Padre, lo hizo por amor.
Juan 1:4-5. “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, la luz en las tinieblas resplandece y las tinieblas no prevalecieron contra ella.” El mundo estaba sumido en la oscuridad, sin esperanza ni rumbo, y entonces la luz del Salvador alumbró un mundo en penumbras. Tú y yo, sin Cristo, estamos rotos, vacíos y perdidos. ¿Ya puedes mirar el cuadro de lo que está pasando? Desde el cielo contemplaban la luz del Señor derrotando la oscuridad de un mundo de esclavos desde la caída del hombre en el Edén.
Desde la gloria celestial, Navidad es como si fuera el Día “D” del cielo, el mundo no se enteraba, pero el mismo infierno se estremecía, su luz descendía y entonces la oscuridad temblaba. La serpiente de Génesis 3:15, viendo que su derrota se acercaba. Había nacido el Salvador del mundo. Si Jesús no hubiera venido, este mundo sería más frío y, sin su mensaje de perdón, todo hubiese sido un fracaso; casi ninguna nación existiría tal y como la conocemos actualmente. La civilización humana fue tocada y transformada por la figura de Cristo en este planeta. Dios, por amor, acercándose al hombre pecador que no lo merecía, por gracia se acercaba a nosotros.
Juan 1:7 dice: “A fin de que todos creyesen en Él”. La Navidad es ese amor donde vemos a Dios declarando que nunca nos apartó de su corazón, que la humanidad no estaría nunca más extraviada sin rumbo ni dirección. El padre envió a su hijo, Jesús vino voluntariamente, el Espíritu Santo lo concibió, todo un plan trinitario para darnos una gracia inmerecida. La Navidad es donde podemos ver el plan de salvación que el Señor había preparado desde la eternidad.
Vamos al Verso 9: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.” El cielo contemplaba la Navidad como Dios entrando en el mundo donde había dolor, un dolor que el pecado había creado. No deja de asombrarme cuando pienso en el Señor, con una naturaleza humana sometiéndose a leyes físicas y biológicas que el escribió. Un cuerpo que sentía hambre, cansancio, desgaste, dolor y lágrimas, todo lo que tú y yo sentimos. Imagínate una misión de rescate, donde tú mismo entras al territorio del enemigo para rescatar a los prisioneros, solo puedo imaginar a los ángeles contemplando esta misión tan peligrosa, la cual nadie en todo el universo podía completar, nadie podía pagar por nuestros pecados, ningún ángel o ser creado en las regiones celestiales llenaba los requisitos, solo Jesucristo el Señor.
Llega el momento más grande de todos, verso 14. “Y aquel Verbo fue hecho carne.” Esta frase es inmensamente explosiva en el evangelio. Mientras para muchas religiones Dios es un ser distante o impersonal, en la Biblia se habla de que Jesús toma la forma de hombre, humillándose a sí mismo; Dios se hace vulnerable para acercársenos. “El Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros.” (Juan 1:14) Jesús no era un ser disfrazado de humano, Él era 100% Dios, 100% hombre. ¡¡Se volvió verdaderamente humano!! Un Ser ilimitado, adoptando límites, el Señor Infinito, aceptando tener medidas, el Eterno, entrando en el tiempo.
En el mismo verso 14 leemos: “Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del PADRE”. La gloria de Dios, cubierta en un cuerpo humano, tan real como nosotros. ¿Cuánto amor para que Dios mismo hiciera esto? Para los hombres de su tiempo y nosotros, él era un carpintero Nazareno martillando clavos, cortando madera y tomando medidas de los pedidos de muebles de sus clientes. Si el Todopoderoso se hubiera revelado con toda su gloria, nadie jamás se habría podido acercar a Él sin caer muerto por su presencia, pero por su misericordia, en su Navidad, Dios se hace accesible para nosotros; en vez de llegar a un trono inalcanzable, yace en un pesebre. En lugar de haber venido con rayos y manifestaciones de poder inmensurable, ahí estaba, era solo un bebé. Por compasión a nosotros, se hizo humano, no era una simulación, era real, frágil, pequeño, un niño que necesitaba cuidados, no había trucos. Qué compasión tan grande.

La Navidad, según Dios, es el inicio del camino a la cruz. Juan no menciona pastores en Belén, no habla de la estrella, ni de los sufrimientos de María, ni de magos. Él se centró en mostrar que la Navidad está inseparablemente unida a la cruz. Él nos habla que este nacimiento, esta encarnación es el inicio del camino de Cristo, de su recorrido hacia la expiación, el cordero destinado desde la eternidad nació para entregar su vida por nosotros y eliminar la culpa a través del sacrificio de Cristo y nos muestra que él es el camino de la redención, donde él nos rescata, éramos reos de condenación, éramos esclavos, atados al sufrimiento y una deuda que era impagable para nosotros. El nacimiento del Cordero, destinado desde la eternidad para entregarse por ti y por mí. Para nosotros, Navidad es nacimiento. Para Dios, era dar a su único Hijo, quien lo llevaría a la entrega máxima en la cruz del Calvario. Jesús vino por ti. Hoy puedes recibirlo en tu vida, abrirle tu corazón y dejar que su luz te transforme y te dé una nueva historia.
El apóstol Pablo también lo explica maravillosamente cuando nos dice: “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.” Filipenses 2:6-7 (RVR1960) Sin perder Su divinidad, tomó la fragilidad de la carne humana, se me enchina la piel al pensar y solo tratar de imaginar el momento en que el Señor se levanta de su trono, la decisión más bella en la historia del cosmos. El que una vez ordenó, quita el calzado de tus pies porque el lugar que pisas santo es, El Santo de Israel, el Rey haciendo un siervo sin ejércitos, rodeado de pobreza, para levantar al hombre caído, la gloria de Dios revistiéndose de carne, su misión era salvar, no deslumbrar con su máximo poder. ¡Seguía siendo Rey del universo, pero eligió hacerse pequeño y accesible para nosotros!
Qué maravillosa historia la Navidad. ¡¡¡El Cielo mismo toco la tierra!!! El Señor Dios todopoderoso acercándose al perdido. El Verbo eterno, que estaba con Dios y era Dios, entró en la historia humana. El comienzo del triunfo que culminaría en la cruz y su resurrección. Todo por amor a nosotros. La Navidad no es solo historia antigua; es Dios acercándose a ti, hoy en tu necesidad. Es un mensaje de amor en el que Dios nos dice que nunca se olvidó de nosotros y cumple su promesa. Para que todo aquel que en el crea, no se pierda, mas tenga vida Eterna. Juan 3:16. No alcanzo a comprenderlo todo, pero qué maravillosa es la historia de la Navidad. Gracias por venir al mundo por mí, por perdonar mis pecados y por darme vida eterna.

Escrito por Rogelio Daniel Rivera, hijo de Dios, esposo y padre agradecido con el Señor.


Excelente artículo y meditación desde el corazón.