Escrito por un invitado de Noel Armando Bienes Pedraza
Esta parábola no solo describe una escena cotidiana, sino que revela realidades espirituales que exponen el estado del corazón humano.
Las parábolas comienzan como un cuadro que observamos; al mirarlo con más atención se convierte en un espejo que nos confronta, y cuando lo contemplamos aún más profundamente, se transforma en una ventana por la cual vemos el obrar de Dios.1
La parábola del sembrador funciona exactamente así: comienza como una historia sencilla, pero termina confrontándonos con una pregunta inevitable: ¿Qué tipo de terreno soy?
El contexto de la parábola.
Mateo nos dice que “ese mismo día” Jesús salió de la casa y se sentó a la orilla del mar. No fue un día cualquiera. Era el día en que había sido acusado de actuar por el poder de Belcebú y en el que incluso su familia lo consideraba fuera de sí. En medio del rechazo, Jesús se dirige a una gran multitud, sube a una barca y comienza a enseñar en parábolas.
Jesús ya llevaba tiempo en el ministerio. Había predicado el Sermón del Monte, había hecho milagros y había atraído a distintos tipos de personas en torno a su figura pública y a su ministerio. Entre quienes le seguían se podían identificar al menos cuatro grupos:
Los antagonistas: Eran los que se oponían a Jesús, un grupo en el cual predominaban fariseos y escribas. Ellos defendían sus tradiciones y sus interpretaciones de la Torá por encima de los principios del Reino de los cielos, pasando por alto a la propia Escritura en las que a ellos les parecía que se encontraba la vida eterna. Ellos veían a Cristo como una amenaza a su sistema religioso ya que Jesús vivía la ley correctamente y de una forma muy diferente a ellos
La multitud: Eran las personas interesadas en los beneficios inmediatos: los milagros, la provisión y la satisfacción temporal, pero no les importaba el mensaje de salvación que Jesús predicaba, ni la transformación que el mismo mensaje traía implícita cuando se recibía en fe.
Discípulos de medio tiempo: Eran los curiosos y entusiasmados al inicio con el mensaje y la obra que Jesús hacía, pero se apartaban cuando la enseñanza se volvía incómoda o no se alineaba a sus propios principios. Un ejemplo de ello es el capítulo 6 del Evangelio de Juan, donde varios de los discípulos (otros aparte de los 12) dejan de seguirlo debido a la enseñanza impartida.
Discípulos verdaderos: Este cuarto grupo eran las personas dispuestas a ser transformadas por el mensaje del evangelio, tenían un compromiso real y sincero con Jesús. No eran personas perfectas, pero sí estaban dispuestas a ser moldeadas por Jesús en un viaje del orgullo a la humildad, de la incredulidad a la fe, de la indiferencia al amor y del pecado a la santidad.
Este trasfondo es clave para entender por qué Jesús cuenta esta parábola y a quiénes estaba dirigida.
Una historia sencilla con una verdad profunda.
Jesús habla de un sembrador que sale a sembrar. Parte de la semilla cae junto al camino y las aves se la comen; otra en pedregales y, como no tiene raíz profunda, se seca la planta; otra entre espinos que ahogan el cultivo; y otra en buena tierra que permite que la cosecha prospere y produzca mucho fruto. A primera vista, parece como si el mesías estuviera enseñando un “tutorial básico de agricultura”. Los campos tenían caminos endurecidos por el paso constante de personas; Israel era un territorio rocoso; y los espinos eran algo común. Nada parecía fuera de lo normal.
Sin embargo, la verdad era mucho más profunda y, para algunos, aterradora. Jesús no estaba hablando de agricultura. Estaba hablando de la Palabra de Dios sembrada en los corazones.
¿Por qué Jesús enseñaba en parábolas?
Cuando los discípulos le preguntaron por qué hablaba en parábolas, Jesús respondió citando al profeta Isaías. Las parábolas cumplían con varios propósitos. Uno de ellos era para que se cumpliera lo profetizado, como dice Jesús en Mateo 13:14. También revelaban elementos del Reino de los cielos, lo cual era un regalo inmerecido (Gracia). Al mismo tiempo, las parábolas constituían un juicio para algunos de sus oyentes, ya que revelaban misterios a quienes tenían un corazón dispuesto, y al mismo tiempo dejaban en evidencia la dureza e insensibilidad de quienes oían pero no entendían.
Los cuatro tipos de terreno:
Cuando Jesús explica la parábola a sus discípulos, deja claro que la diferencia no está en el sembrador ni en la semilla, sino en el terreno, y que no se estaba refiriendo a semillas y terrenos en sentido literal, sino más bien a la Palabra de Dios y al corazón del hombre al que esta llegaba.
- El terreno junto al camino:

Representa a quienes oyen la Palabra pero no la entienden. El corazón está endurecido, y el maligno arrebata lo que fue sembrado. Esta parábola da evidencia de que existe una guerra espiritual real cuando la Palabra es predicada, escuchada o recibida en el corazón de los hombres. Satanás va a intentar por todos los medios que la persona no crea la palabra. Usará distracciones, tentaciones, problemas, burlas, todo su arsenal para apartar a la persona del evangelio que tiene poder para salvar. Este tipo de terreno está endurecido, insensible y, como no entiende el mensaje, este se hace irrelevante y, por lo tanto, es desechado.
2. El terreno pedregoso:

Son quienes reciben la Palabra con gozo inmediato, pero no con arrepentimiento genuino; no tienen raíz profunda. Cuando llega la aflicción o la persecución por causa de la Palabra, se apartan. Mientras hay beneficios temporales, emoción o comodidad, parecen firmes; cuando eso se acaba, se secan. Jesús está diciendo en esta porción que los problemas por creer a Cristo van a llegar en un mundo que le ha dado la espalda a su creador. Este corazón pone en una balanza el evangelio y en otra su comodidad y elige la segunda opción.
3. El terreno con espinos

Aquí la Palabra es oída, pero las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas la ahogan. El reino de los cielos se vuelve atractivo con un ojo, mientras con el otro se sigue mirando al reino de los hombres. Aquí las opciones son el evangelio o las riquezas y el poder. Si en el terreno pedregoso la opción contra el evangelio era no atravesar problemas, en este la opción es lo opuesto, perseguir la vanagloria de la vida, ganar el mundo; pero, ¿de qué servirá si se pierde el alma y no se alcanza la salvación conforme al evangelio de Jesucristo? El resultado de elegir la vanagloria del mundo es una vida si fruto.
4. La buena tierra:

Este es quien oye la Palabra, la entiende y la cultiva. Medita en ella, la aplica y persevera en la fe. Esta tierra ha decidido obviar las piedras y los espinos; y ha proseguido a la meta, al supremo llamamiento, a recibir la promesa de la salvación por fe. El fruto es evidente, aunque no todos producen en la misma medida: unos al treinta, otros al sesenta y otros al ciento por uno. Es Dios quien da la cosecha.
Un asunto del corazón:
Las tres primeras tierras tienen algo en común: no producen fruto. Y la Escritura es clara: por el fruto se conoce el árbol Mateo 7:16. El fruto del que habla Jesús es fruto que habla de un corazón arrepentido genuinamente Mateo 3:8. El fruto no es la causa de la salvación, pero sí la evidencia de un corazón salvado y transformado.
La parábola hoy nos confronta con preguntas directas:
- ¿Con cuál de estos terrenos me identifico?
- ¿Cómo recibo la Palabra de Dios en mi vida?
- ¿Mi actitud ante la Palabra es de sensibilidad y obediencia en amor, o de resistencia e insensibilidad?
Permanecer para dar fruto
Jesús cierra esta enseñanza de manera coherente con otras de sus palabras. En Juan 15 nos recuerda que Él es la vid y nosotros los sarmientos, y que separados de Él nada podemos hacer.
La invitación final de esta parábola es clara: permitamos que nuestro corazón sea buena tierra, donde la Palabra pueda prosperar, crecer y producir fruto para la gloria de Dios. Aprovechemos la oportunidad de aprender las Escrituras, de instruirnos en la verdad y de vivir el evangelio, porque el reino de Dios no se trata solo de oír, sino de dar fruto.
La iglesia no es un edificio; la iglesia está formada por discípulos de Cristo que reciben la Palabra (la semilla), la creen en su corazón (el terreno) y la practican produciendo frutos al treinta, al sesenta y al cien por uno.

Noel es pastor de la iglesia Árbol de Vida.
- Wiersbe, Warren W. 1994. Preaching & Teaching with Imagination: The Quest for Biblical Ministry. Wheaton, Ill.: Victor Books, p. 164. ↩︎


Amén. Gloria a Dios. Excelente prédica y meditación sobre la parábola del sembrador. Bendito es el Señor que usa a sus siervos para dar a conocer el mensaje de salvación y vida eterna. La semilla y el terreno donde cae esta. Que el genuino arrepentimiento nos ponga a cuenta cada día con nuestro Señor y Salvador.