Durante años, una pregunta muy interesante que ha causado mucha controversia es el pasaje de Josué 10, ya que tratamos de comprender este evento en términos relacionados con la física. El Dr. John Walton nos muestra algo muy interesante en su investigación sobre este pasaje en la Biblia. Antes de iniciar su explicación, el Dr. John Walton aclara que debe quedar claro que no deberíamos pensar que hay algo que Dios no puede hacer; más bien, la lectura de este pasaje debe llevarnos a la pregunta: ¿Qué dice este relato acerca de lo que Dios está haciendo? Ese es el motivo por el cual debemos atender este pasaje con demasiado atención.
Debemos recordar que, al ver este pasaje, estamos en un momento central en la conquista de los territorios. En el capítulo 9, podemos observar cómo los gabaonitas han engañado a los israelitas para hacer una alianza y, con astucia, salvar su vida (Josué 9:4). Esto causó un efecto negativo en los demás reyes, no solo porque hicieron una alianza con el pueblo de Israel, sino porque han perdido una ciudad potencialmente fortificada en la región montañosa central, y ahora está bajo el control de Josué (Josué 10:1-3).
Preocupados por esta situación, los cananeos y amorreos deciden tomar medidas preventivas y van a Gabaón para sitiar la ciudad. Josué se entera de esto por medio de los mensajeros enviados desde Gabaón a Gilgal, y decide honrar el tratado que se realizó e ir en ayuda de la ciudad que ha sido sitiada (Josué 10:5-6).
Josué decide tratar de ganar el factor sorpresa, por lo que realiza una marcha forzada durante toda la noche (v. 9), desde Gilgal hasta Gabaón, recorriendo una distancia de aproximadamente 25-30 kilómetros. El camino que el ejército del pueblo de Israel recorrió esa noche fue una marcha difícil de realizar a través de la oscuridad, cargando con elementos para la guerra; por lo tanto, llegaron al amanecer listos para ayudar a los gabaonitas.
¿POR QUÉ ORA JOSUÉ?
Es necesario observar lo siguiente,Josué ve su situación. Note que este evento esta ocurriendo al amanecer ¿Como sabemos esto?
El día que el Señor les dio a los israelitas la victoria sobre los amorreos, Josué oró al SEÑOR delante de todo el pueblo de Israel y dijo:
«Que el sol se detenga sobre Gabaón,
y la luna, sobre el valle de Ajalón».
Entonces el sol se detuvo y la luna se quedó en su sitio hasta que la nación de Israel terminó de derrotar a sus enemigos.
¿Acaso no está registrado ese suceso en El libro de Jaser? El sol se detuvo en medio del cielo y no se ocultó como en un día normal. Jamás, ni antes ni después, hubo un día como ese, cuando el SEÑOR contestó semejante oración. ¡Sin duda, ese día el SEÑOR peleó por Israel!
Josué 10:12 – 14 NTV
La mención de que «el sol está sobre Gabaón y la luna sobre el valle de Ajalón» implica, geográficamente, que el sol se encuentra en el este y la luna en el oeste. Esto presenta un problema para la interpretación popular de este relato, la cual sostiene que la batalla se desarrolló durante todo el día y que el ejército de Israel estaba exhausto, aún en combate, y al borde de perder la luz del día. En esta interpretación, la oración de Josué sería para extender la luz diurna y permitirles terminar la batalla.
Sin embargo, si observamos con atención la narrativa, notamos que la ubicación del sol en Gabaón (al este) y de la luna sobre el valle de Ajalón (al oeste) sugiere que estos eventos ocurrieron por la mañana. Esto plantea una pregunta importante: ¿por qué Josué hace esta oración al inicio de la batalla, antes de que realmente se haya desatado el conflicto?
Quizá te preguntes cómo es posible que estos eventos sucedan al inicio de la batalla, si en el versículo 11 se menciona una confrontación en las montañas, donde muchos murieron debido a una tormenta de granizo. Es crucial notar que este capítulo narra tres eventos diferentes sobre la misma batalla, y cada relato se presenta casi como una historia independiente. El primer evento describe la tormenta de granizo (v. 9-11), seguido por el segundo relato, que se centra en la mención del sol y la luna (v. 12-15), y finalmente, un tercer relato sobre la persecución de los reyes amorreos (v. 16-21).
En conclusión, el relato sobre el sol y la luna parece situarse al inicio de la batalla, en la mañana. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué es exactamente lo que Josué está pidiendo en su oración?
LA OBSERVACION DE LOS CUERPOS CELESTES EN LA ANTIGUEDAD

Para abordar esta pregunta, es fundamental entender el contexto del mundo antiguo, sin aplicar conceptos modernos de física y matemáticas. Es importante recordar que en aquella época no se conocía el movimiento de traslación ni de rotación de los cuerpos celestes como los entendemos hoy. En su cosmovisión, el sol y la luna se movían a través del cielo, lo que explica la frase “que el sol se detenga”. Algunos prefieren leer esta historia de forma literal, pero para hacerlo de manera precisa, debemos familiarizarnos con el pensamiento y la forma de expresión del mundo antiguo.
En el mundo antiguo, existía una práctica común de adivinación celestial que se enfocaba en observar los movimientos de las estrellas y planetas para extraer información. Creían que las deidades comunicaban eventos significativos a través de movimientos estratégicos de estos cuerpos celestes.
La literatura antigua que tenemos sobre la adivinación celestial menciona con frecuencia que el sol, la luna, las estrellas o constelaciones “se detienen” o “permanecen en pie”. Esto refleja cómo los antiguos observaban los movimientos celestiales desde su perspectiva como observadores en la Tierra. En el relato de Josué, él usa un lenguaje común en la adivinación celestial para describir el fenómeno.
Es fundamental comprender este lenguaje en términos del sol y la luna, así como el contexto del calendario lunar utilizado en la antigüedad. A diferencia del calendario solar que usamos hoy, los antiguos organizaban sus meses según las fases de la luna. Un mes comenzaba con la luna nueva, llegaba a su punto medio con la luna llena, y terminaba cuando la luna no era visible. Así, el ciclo se reiniciaba con la siguiente luna nueva. Este sistema no establecía un número fijo de días por mes, por lo que un mes podía tener 29, 30 o, en algunas excepciones, 31 días. Para ellos, el día 30 se consideraba un número favorable y era visto como un buen presagio, motivo por el cual surgieron creencias sobre eventos afortunados o desafortunados relacionados con este número.
Para que un mes tuviera 30 días, la luna llena debía aparecer el día 14. En el primer día de luna llena, el sol era completamente visible sobre el horizonte oriental, mientras que la luna aún podía observarse en el horizonte occidental por unos 4 minutos más. Este fenómeno, que ocurría cada mes, generaba temor, ya que consideraban que sería más favorable que la luna llena coincidiera con el día 13 o el 15. Si la luna llena aparecía el día 14, esto se interpretaba como un mal augurio, y algunos creían que indicaba devastación en sus ejércitos o el riesgo de que sus ciudades fueran conquistadas.
En tiempos de guerra, los observadores celestiales prestaban especial atención a los presagios. Así, en la mañana a la que hace referencia el libro de Josué, los adivinos cananeos y amorreos habrían salido al amanecer para observar el cielo y buscar “el mensaje de los dioses”, esperando encontrar un presagio favorable antes de entrar en batalla.
Según sugiere el Dr. John Walton, Josué era plenamente consciente de esta práctica entre sus enemigos. Aunque él mismo no creía en los presagios, sabía que los adivinos buscarían alguna señal en los cielos y que un mal augurio los desmoralizaría. Por esta razón, Josué oró para que el sol y la luna se detuvieran, ya que eso representaría un mal presagio para sus oponentes en ese día.
Ante un evento de este tipo, los adivinos probablemente dirían algo como: “Espero que no tengamos que pelear hoy” o “ni siquiera deberíamos luchar; parece un mal día”. Este sería el momento en el que Josué y su ejército tomarían por sorpresa a sus enemigos con una emboscada en las montañas, a donde habían llegado tras una marcha nocturna (v. 9). En este contexto, la oración de Josué no sería tanto un fenómeno físico, sino una estrategia psicológica para que sus enemigos interpretaran la señal como un mal augurio, lo que daría una ventaja al ejército de Israel.
El versículo 14 nos presenta una observación interesante:
Jamás, ni antes ni después, hubo un día como ese, cuando el SEÑOR contestó semejante oración. ¡Sin duda, ese día el SEÑOR peleó por Israel!
Josué 10:14 NTV
Si esto ocurrió a mediados del mes, el hecho de que el sol y la luna se encuentren visibles juntos no es en sí mismo un fenómeno raro, ya que ocurre varias veces al año, de 12 a 13 veces al año para ser exactos. Entonces, ¿qué hace que este evento sea diferente? Es importante notar que el texto no afirma que este fenómeno astronómico nunca ocurrió en otro momento de la historia; más bien, declara: “Jamás, ni antes ni después, hubo un día como ese, cuando el Señor contestó semejante oración”. En hebreo, esta afirmación es aún más específica: “YHWH escuchó a un hombre y YHWH peleó por Israel”. Lo que hace único a este día no es el fenómeno celestial, sino el hecho de que Dios permitió que Josué le sugiriera una estrategia de guerra.
Este aspecto es sorprendentemente único, ya que en otros relatos, como en la caída de los muros de Jericó (Josué 6), es Dios quien le proporciona a Josué la estrategia de combate a este tipo de eventos se les conoce como estrategias divinas. Sin embargo, en el capítulo 10, Josué es quien propone la estrategia, y Dios la sigue, peleando por Israel conforme al plan de Josué.
Quizás te preguntes: si este evento podía ocurrir de forma natural , ¿realmente era necesaria la oración de Josué? La respuesta es sí. Cuando oramos, como al pedir bendición para un evento importante, como una boda o un picnic, un escéptico podría decir: “Eso sucedería de todos modos”. Sin embargo, los creyentes interpretamos esos buenos momentos como oraciones contestadas. Aunque no podríamos saber con certeza qué habría pasado si Dios hubiera actuado de otra manera, interpretamos estos eventos como una respuesta divina a nuestra oración.
Tema desarrollado en Old Testament Today, 2nd Edition: A Journey from Ancient Context to Contemporary Relevance de Zondervan.

John H. Walton
- Ph.D. Hebrew Union College-Jewish Institute of Religion
- M.A. Wheaton Graduate School
- A.B. Muhlenberg College
El Dr. John Walton es un destacado erudito y profesor de Antiguo Testamento, reconocido por su enfoque en el contexto cultural y literario del mundo antiguo para interpretar las Escrituras. Walton sostiene que comprender la mentalidad y el entorno cultural de las civilizaciones bíblicas es esencial para una interpretación fiel de los textos. Es especialmente conocido por sus estudios sobre el Génesis y la creación, donde sugiere que los relatos bíblicos deben leerse en términos de la cosmología y teología del Antiguo Cercano Oriente, lo cual aporta una perspectiva única y contextualizada en la interpretación bíblica.


Como has escrito, es importante entender la cultura y el pensamiento de cuando se registraron estas historias, bien hecho.