EL CANTO DE ANA: UN PRELUDIO ESPERANZADOR A LA HISTORIA DE NAVIDAD

La Navidad se acerca, y para entender esa historia, necesitamos examinar algo de historia; de lo contrario, sería una historia sin contexto. Podría parecer simplemente una historia conmovedora. Comienza con Dios prometiéndole a Abraham darle la tierra de Israel, así como descendientes, cuando ambas cosas parecían imposibles. Después de 400 años, Josué finalmente guía al pueblo para tomar posesión de la tierra. Con la ayuda y dirección de Dios, conquistan parte de la tierra, pero no toda.

La lucha por la tierra continúa en el libro de Jueces. Israel pelea contra un enemigo que no se rinde fácilmente. Esas historias nos muestran el lado humano de Israel, con todos sus defectos. Como suele ocurrir, nos volvemos como nuestro enemigo. Al final del libro de Jueces, Israel se ha vuelto peor que las personas contra las que estaba luchando.

En ese oscuro panorama, encontramos una historia que le dio esperanza a Israel. La persona clave en esa historia es Ana, la madre de Samuel. Ella tuvo la visión para entender lo que debía suceder, así que oró por un hijo que pudiera liderar a Israel en esa tarea. Cuando Ana lleva a su hijo al templo para dejarlo con el viejo sacerdote ciego Elí, quien no puede ver lo que está pasando ni lo que necesita suceder, ella canta un canto que da esperanza. Este canto ofrece una comprensión clave de lo que Dios necesita hacer para traer justicia a Israel y paz al caos que reina al final del libro de Jueces. El canto de Ana clama por un rey que recibiría poder de YHWH y traería orden (1 Sam. 2:10).

Ana ora por un cambio completo en el orden social. Es un cambio en el que los fuertes y poderosos pierden sus posiciones en la sociedad, mientras que los pobres y marginados son incluidos y honrados. Ana puede orar por esto porque entiende que YHWH controla toda la creación y que él traerá orden nuevamente.

Si leemos estas historias desde el punto de vista de un pueblo en el exilio, que es cuando estas historias se pusieron en su forma actual, debemos comprender que se preguntaban sobre su futuro. ¿Qué esperanza podían tener?

El canto y la oración de Ana anticipan un tiempo mejor bajo el gobierno de YHWH. De hecho, cuando miramos la historia de Samuel, el hijo de Ana, vemos que el pueblo busca a Dios gracias a Samuel. Cuando lo hacen, Dios los libera de dos tipos de enemigos: los enemigos internos y externos. En 2 Sam. 7:1-14, Israel busca una relación renovada con YHWH, pero su viejo enemigo, los filisteos, los atacan. Samuel hace una ofrenda y ora por ellos. Dios responde esa oración enviando truenos y relámpagos para derrotar al enemigo.

Debemos avanzar esta historia muchos años. Israel ha regresado del exilio y está nuevamente en la tierra de Israel. Pero hay un problema. Algunos de los profetas en el Antiguo Testamento hablaron del regreso de la presencia de Dios a Israel como en el pasado, pero eso no había sucedido. Esperaban volver a ser una gran nación. Jeremías 33:8-9 habla de ese gran día. Pero Israel no era ni grande ni libre desde hacía muchos años. O estaban gobernados por otras naciones o estaban ocupados luchando entre ellos, como en el libro de Jueces.

Se veían a sí mismos como si aún estuvieran en el exilio; lo sabemos porque no hubo celebración del regreso. Entonces, ¿qué necesita suceder en una nación que se ve a sí misma en el exilio? ¿Qué necesita pasar para que las cosas cambien? ¿Qué cambios debían ocurrir en Israel en la época de Jesús para que el país se viera libre? Acercándolo más a nuestro contexto, pensemos en qué tipo de cambios necesitan ocurrir en tu país para que su gente sea libre. La oración de Ana en 1 Samuel pedía un cambio completo en el orden social. No se trataba solo de un cambio en la vida espiritual del pueblo, sino de un cambio que resultara en transformación social.

Cuando miramos el libro de Lucas, encontramos una situación similar a la de Ana. Israel tenía problemas muy serios, y era tiempo de renovación. En la historia de Ana y Samuel, Ana no podía tener hijos, aunque estaba casada. Sin embargo, cuando llegamos a la historia de Navidad en el evangelio, encontramos a una joven que va a tener un bebé antes de casarse. Esta es María, y ella nunca ha tenido relaciones sexuales con nadie. Tanto el bebé de Ana como el de María fueron regalos de Dios enviados para traer enormes cambios a sus mundos. Por supuesto, el bebé de María no solo trajo cambios al mundo de ella, sino que continúa trayendo cambios a nuestro mundo hoy.

Lo que encuentro interesante es que, cuando Dios trae cambios, frecuentemente encontramos a una mujer al inicio de esos cambios. Cuando el ángel le dice a María que tendrá un bebé, ella le dice que sí, a pesar de que será muy difícil para ella. Cuando va a visitar a su prima Isabel, quien también está teniendo un bebé milagroso, María rompe en canto, lo cual nos recuerda al canto de Ana. María miró hacia los tiempos oscuros de Israel y entendió que las cosas no habían cambiado mucho. María, al igual que Ana, está llamando a un nuevo estilo de vida.

Es un estilo de vida donde los orgullosos y poderosos son derribados (Lucas 1:50-51) y los humildes son exaltados. En el versículo 53, los pobres son alimentados, y los ricos se van con las manos vacías. Todas estas cosas serán cumplidas por Jesús, el Cristo, el Mesías, el hijo de María. Un poco después, en el capítulo, cuando Zacarías hace su profecía acerca de Juan, su hijo y el de Isabel, él habla de cómo ayudará a las personas a encontrar la salvación y el perdón de los pecados, algo necesario para que otros cambios puedan ocurrir. María y Zacarías están llamando a un cambio completo en la sociedad.

Entonces, ¿cómo vemos esto reflejado en la práctica? Nuestro enfoque en esta época del año debería estar en Cristo. Cristo significa el Mesías o el ungido. No es un nombre, sino un título, como el de un rey. ¿Cómo vivió el Mesías los cambios que Ana, María y Zacarías llamaron a realizar?

Muy a menudo, cuando leemos los evangelios, nos apresuramos a llegar a la cruz porque entendemos que en la cruz Jesús tomó nuestro lugar, ya que somos pecadores. Pero al hacer esto, perdemos toda la historia de por qué Jesús terminó en la cruz. Esa historia nos dice quién es él y nos muestra qué es lo importante en el reino de Dios.

En Mateo 1:23 leemos lo que el ángel le dice a José antes del nacimiento de Jesús: «Será llamado Emanuel, que significa Dios con nosotros». Pero ¿con quién está Dios? Al leer los evangelios, pronto nos damos cuenta de que Jesús está con los pobres, con los que están en el fondo de este mundo. Detente y piensa en las personas a las que sanó. La mayoría de las sanaciones ocurrieron con los pobres; hubo un par de excepciones, pero estas personas también tenían necesidades significativas. Todas las sanaciones tenían dos funciones: ayudaban a la persona sanada y mostraban quién era Jesús y cómo debería ser su reino. El canto de María pedía esto: que Dios trajera sanidad a los pobres.

Un ejemplo de lo que sucede muchas veces en los evangelios se encuentra en las historias de Lucas 4. La primera que leemos está en Lucas 4:31. Al inicio del ministerio de Jesús el Mesías, lo vemos sanando a un hombre con un demonio y liberándolo. Justo después de esto, en el versículo 38, vemos a Jesús en casa de Simón, donde sana a la suegra de Simón.

De ahí, Lucas nos cuenta cómo eligió a los discípulos. En ese grupo está Judas, quien traicionó a Jesús. Era un ladrón y terminó suicidándose. Mateo es un despreciado recaudador de impuestos. Luego están Santiago y Juan, a quienes llaman «los hijos del trueno». Puedes imaginar qué tipo de personas eran. Eran los que estaban listos para luchar contra los romanos o cualquiera que se interpusiera en su camino. Pedro es el tipo que siempre habla en lugar de escuchar. No serían exactamente las personas que muchos querrían como amigos.

Reunirse en una mesa en tiempos de Jesús reflejaba el orden social: quién estaba dentro y quién estaba fuera. Observa con quién comía Jesús: con los pobres, los recaudadores de impuestos y las mujeres consideradas «inadecuadas». Así que, cuando Jesús se sienta a la mesa, nos dice quién es bienvenido que entendió que Dios quería personas humildes para avanzar su reino, personas que confiaran en él y creyeran que estaba con ellos. Esto es lo que también pedía el canto de María. El reino de Dios no es un reino como los demás reinos. Ese era el problema de Israel antes de ir al exilio. Querían reyes como los de las demás naciones, reyes que buscaran grandeza y poder.

La manera en que Jesús hizo su obra fue totalmente opuesta. Él murió en lugar de matar. Por eso pasó tanto tiempo con los que no tenían poder. Él era Emanuel, Dios con ellos.

Si la historia de Navidad sucediera hoy, ¿cómo sería? ¿Quiénes serían sus padres? ¿De dónde vendrían? ¿Podrían venir de Gaza, Cisjordania o Jerusalén? ¿Podrían sus padres ser refugiados buscando ayuda? ¿Qué piensas? ¿Qué pensaríamos si eso sucediera?

¡Recuerda elegir la vida!

Escrito por Jack Vogt

Traducido por Hector Nieblas Grijalva, Muchas gracias amigo!!!

2 comentarios

  1. ¿Cómo influyó el hecho de que Jesús se identificara principalmente con los pobres en su misión terrenal, especialmente al sanar a las personas necesitadas, en la forma en que entendemos y aplicamos su mensaje hoy en día?

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